Crecí creyendo que Dios está en los cielos y el diablo bajo la tierra, pero en este 2011 y después 26 años después la vida me muestra que todo habita en la tierra, no sobre ni debajo de ella.
Mi bisabuela me inculco el amor y el temor a Dios la adoración y el fervor a los santos, no creo haber conocido persona más devota a Cristo como ella, tanto que las oraciones y suplicas que en vida hizo para con nosotros todavía Dios las escucha, mi bisabuela fue una persona sabia a pesar de no ser tan letrada como ella quiso, pero algo que es de admirar fue el amor y el cariño que nos tuvo, la recordaba justamente ahora, mientras esperaba a mi madre en el centro de la ciudad cuando venía a media calle un entierro, atrás mío mi abuela me recordaba que así como ellos nosotros un 31 de diciembre de 1999 mi “Mita” como le decíamos de cariño se nos adelantaba al otro lado, el año 1900 la vio nacer y contradiciendo las palabras de mi madre me atrevo a decir que ella le pedía en sus últimos años mozos a Dios que no quería pasar de los 100 años, creo Dios escucho sus suplicas y ese 30 de diciembre y cumplidos los 99 años de vida, mi Mita se nos fue.
El día de ayer le celebramos misa en la catedral, vagos recuerdos de mi infancia junto a ella hicieron que mis los ojos se intentaran llenar de lagrimas, pues el saber que no la tenemos es algo difícil, me hice el fuerte para no llorar y así fue, pero me quebró la existencia ver a un anciano incarse frente a un altar para decir sus suplicas, lo único que se me vino a la mente fue ella “Mita”…